viernes, 18 de septiembre de 2015

AL MAESTRO FRANCISCO JAVIER AGUILAR SOLAZ EN EL 150 ANIVERSARIO DE SU MUERTE, 2 de Junio de 2014



El día 2 de Junio de 2014, fecha del 151 aniversario de su muerte, en un sencillo acto, se le rindió homenaje al maestro Francisco Javier Aguilar Solaz. En una modesta lápida, costeada por suscripción popular entre los vecinos de Ruzafa, se recuerda el abnegado sacrificio que costó la vida al maestro. La iniciativa de este homenaje, que no ha contado con ninguna colaboración oficial, partió de Isabel Albarracín, Presidenta de la AMPA y del historiador José Miguel Giménez Guarinós.
La lápida está colocada a la entrada del C.E.I.P. J. Balmes y dice así:

150 ANIVERSARI
ACÍ, EN EL LLOC QUÉ OCUPA EL C.E.I.P. J. BALMES,
L’ANY 1863 VAN MORIR UN HOME BO,
EL MESTRE EN FRANCISCO JAVIER AGUILAR SOLAZ,
I DEU DEL SEUS ALUMNES A CAUSA DE L’ENFONSAMENT
DE L’ESCOLA DE XIQUETS DE RUSSAFA.
2 – VI- 2013. EN LA SEUA MEMÓRIA EL BARRI DE RUSSAFA




                Al acto del descubrimiento, realizado por dos niños del colegio, asistieron, emocionados, Francisco y José Luis Aguilar Bultó, biznietos directos del maestro Aguilar, ambos médicos jubilados y algunos tataranietos. También estuvieron presentes además de los promotores del homenaje, la Directora del C.E.I.P. J. Balmes y una representación de alumnos.
                Desde el 12 de octubre de 1896, la calle en la que estaba la escuela de Ruzafa, donde hoy se levanta el C.E.I.P. J. Balmes, esta dedicada al maestro Francisco Javier Aguilar y Solaz. En esta calle se había construido en el año 1862 una casa destinada a Escuela de Instrucción Primaria de la que era director el maestro de Chelva don Francisco Javier Aguilar y Solaz. El día 2 de junio de 1863, ocho meses después de la inauguración, a las 9 de la mañana y cuando estaba dando su clase el Sr. Aguilar, se hundió la casa, matándole a él y a 10 niños, quedando heridos otros 38.
El abnegado maestro había mandado salir a los párvulos a un corral cuando notó que se agrietaban las paredes y cuando conducía, uno en cada mano, a dos de los niños más pequeños fue en el momento en que se derrumbó el techo cayéndole encima una de las vigas matándolo a él y a uno de los niños, salvándose el otro.

Se le dedicó esta calle como homenaje a tan altruista y abnegado personaje para modelo de generaciones futuras. La lapida rotuladora y su colocación fue costeada por los vecinos de la calle.